domingo, 1 de julio de 2012

Santa Teresa y el convento de San José de Ávila



Con motivo del 450 aniversario de la fundación del convento de San José de Ávila, están teniendo lugar diversos actos culturales y religiosos. Entre ellos, destacará la procesión del 19 de agosto, día en el cual se trasladará la imagen de santa Teresa desde su iglesia (de los padres Carmelitas) hasta el Convento de San José. Los días 21, 22 y 23 de agosto tendrá lugar un triduo de acción de gracias, finalizando con una solemne Eucaristía el día 24, con procesión de retorno hasta la iglesia de la Santa. 


Teresa de Cepeda y Ahumada nace el 28 de marzo de 1515 en Ávila, entrando en el Carmelo a los 18 años, en el gran monasterio de la Encarnación. Durante los siguientes veinte años vive como una monja más y será a partir de los 45 cuando vive su propia conversión acompañada de visiones y éxtasis, que culminarán con la transverberación de su corazón. 

La reforma de la Orden Carmelita se inicia con el pequeño convento de San José, siendo su fundadora la madre Teresa. Varias experiencias místicas, acontecimientos históricos, realidades sociales, jurídicas...etc., confluirán en esta fundación, que marca un antes y después no solo en la Orden sino también en la vida de la Iglesia y de la misma España. Teresa vivía en el monasterio de la Encarnación, un gran convento de casi 200 monjas, regidas por una reglas mitigadas por diversos papas, debido a la dureza de la vida primera de esta orden. Teresa se sentía cómoda en este convento y reconocía la santidad de sus hermanas, pero sentía que Dios la llamada a una mayor perfección. 


 

"Toda mi ansia era, y áun es, que, pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que esos fuesen buenos; así determiné a hacer eso poquito que yo puedo y es en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese, y procurar estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo" Las Fundaciones, santa Teresa de Jesús.








Desde el verano de 1560, comienza a fraguarse la idea de un nuevo convento, que siguiendo la idea original del Carmelo, renunciara a ciertas mitigaciones. Felipe II había pedido a los conventos y monasterios españoles que rezasen de manera particular por los sucesos que estaban ocurriendo en Francia, vinculados a la herejía protestante. Este tema era conocido por las monjas, y de ello hablaban en los diversos tiempos de recreación:

"Las monjas comentan si podrían ayudar. Oyen con placer la palabra de doña Teresa. A ella le vuela el pensamiento hacia los orígenes del Carmelo, cuando la orden vivió el rigor de la regla primitiva, luego suavizada con permiso de los papas. Doña Teresa explica que siente deseos "de mayor perfección"; hasta le da cierta envidia el monasterios de las Descalzas Reales recién fundado en Madrid por la infanta doña Juana, en el cual dicen practica la oración y austeridad un pequeño número de monjas; sin el alboroto y relajacion de estas casas grandísimas donde habita una muchedumbre.
Justo entonces la propuesta "infantil" de María de Ocampo ha caído en medio de la pequeña tertulia:
- Señora tía, podríamos fundar un monasterio pequeñito..." Teresa de Jesús, José María Javierre.


Teresa lleva reflexionando este asunto un tiempo. Quiere mayor perfección, para responder así a la llamada de Dios. Tal vez un convento más pequeño, más pobre, sin renta; con una clausura más estricta que les permita una oración más profunda, sin el movimiento social tan ajetreado de un monasterio tan grande. Estas ideas comienzan a interferir en la oración, teniendo visiones en las cuales se le revela que es voluntad de Dios. Para ella suponía un fuerte inconveniente: se sentía a gusto en la Encarnación, las polémicas sobre sus visiones había aminorado, Ávila estaba llena de conventos... Ella busca consejo, se lo propone a su confesor, el padre Álvarez; al provincial de la orden Ángel Salazar; escribe a varios amigos como fray Pedro de Álcantara (franciscano), Francisco de Borja (jesuita) o el padre Luis Beltrán, incluso visita a los dominicos de Ávila, consultando con el padre Ibáñez, el cual siendo poco favorable al inicio, tras meditarlo adecuadamente, contesta que es "muy en servicio de Dios". Su amigo doña Guiomar inicia los trámites, ofreciendo parte de su hacienda, aunque esta está ya muy disminuida. Cuando comienza a extenderse el rumor, explota una fuerte polémica. Ella misma cuenta la situación:

"Estaba muy malquista en todo mi monasterio, porque quería hacer monasterio más encerrado. Decían que las afrentaba, que allí podía también servir a Dios, pues había otras mejor que yo; que no tenía amor a la casa; que mejor era procurar renta para ella que para otra parte. Unas decían que me echasen a la cárcel; otras, bien pocas, tornaban algo de mí. Yo bien veía que en muchas cosas tenían razón..."


Teresa continúa adelante, confiada en que el convento es voluntad de Dios. Varios obstáculos retrasan la fundación: el provincial de la Orden cambia de opinión y deniega el nuevo convento, y el confesor de la Santa también echa atrás el proyecto. Ella espera y a los pocos meses cambia la situación, recibiendo licencia de su confesor. La hermana de Teresa, Juana y su marido Juan de Ovalle, vienen a Ávila desde Alba de Tormes, y comprando unas casas donde se empieza la obra, la fundación continúa en secreto, pensando el vecindario que es para una familia, cuando en realidad se está iniciando las obras del nuevo convento. Recibe también, providencialmente, una limosna de su hermano Lorenzo, que está en las Indias, e igualmente, le es concedido un permiso del provincial de la Orden para cuidar a la hija de doña Guiomar, también carmelita, instalándose en el palacio de su amiga, pudiendo salir y dirigir personalmente las obras. Durante los siguientes meses sigue afrontando obstáculos, resolviendo problemas, tramitando la fundación, que finalmente se sitúa bajo la autoridad del obispo de Ávila y no del provincial de la Orden. Mientras, ella sigue teniendo éxtasis y visiones que la alientan, como por ejemplo, aquella en la que ve a la Virgen y a san José vistiéndola con nuevas ropas, en alusión al estado de su alma y a su propia renovación. 

El último escollo será la orden del provincial de asistir en Toledo a doña Luisa de la Cerda, quién acaba de perder a su marido y quiere el acompañamiento espiritual de Teresa. Así, tiene que dejar Ávila con el convento a medio fundar, aunque la amistad con esta mujer noble será muy importante en años venideros. Cuando vuelve, aprovechando el revuelo de las elecciones a priora en la Encarnación, dirige los últimos retoques del edifico del nuevo convento y consigue la autorización del obispo de Ávila, alcanzado la última etapa de la fundación de San José. 

En el mes de agosto de 1562, se inician los últimos preparativos que desembocarán en la fundación de San José el día 24, memoria litúrgica de san Bartolomé. Las cuatro primeras novicias de San José serán María, Úrsula, Antonia y María de Paz, siendo la fundadora la madre Teresa, todavía monja de la Encarnación. En la mañana de dicho día, sonará la pequeña campana que han comprado, que teniendo un defecto ha sido más barata, y que todavía hoy se conserva con el agujero malformado de su fundición. A primera hora se celebrará la Misa, y por la tarde, el obispo las visitó. 

Tras la fundación, Teresa sufrió diversas persecuciones. El mismo 24 de agosto, fue llamada a su monasterio, teniendo que abandonar San José y exponiéndose a las recriminaciones de su priora y de sus hermanas. Cuando fue llamada y se le pidió explicaciones, con la acusación de haber afrentado a su monasterio, fue tan sincera y humilde, que esperando la cárcel, la priora, sorprendida por la rápida obediencia y la disposición de Teresa, fue enviada a su celda sin ningún castigo. Igualmente, el concejo de Ávila pretendió desmantelar el convento, iniciando un pleito civil todavía no resuelto, y que de manera simbólica hallará solución con motivo de esta efeméride con un pleno extraordinario del Ayuntamiento, con firma de acuerdo entre las partes. 


Pasarán varios meses hasta que Teresa ingrese definitivamente en San José, cuando el provincial de la Orden le autoriza a trasladarse definitivamente a su convento. Cuenta la tradición, que Teresa junto a cuatro monjas de la Encarnación que también pasarán a San José, saliendo de su antiguo convento, hacen estación en la basílica de San Vicente, donde se detienen a orar ante la Virgen de Soterreña. Ante esta imagen, la Santa deja sus chapines, descalzándose, símbolo de la reforma que acaba de iniciar.

Santa Teresa morirá siendo la priora del convento de San José. De su Casa, escribirá en una de sus obras:
"Cinco años después de la fundación de San José de Ávila estuve en él, que, a lo que ahora entiendo, me parece serán los más descansados de mi vida, cuyo sosiego y quietud echa harto menos muchas veces mi alma". Las Fundaciones. Teresa de Jesús.


Santa Teresa de Jesús, patrona de Ávila (aquí)

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