miércoles, 12 de enero de 2011

Cristo del Consuelo




Gregorio Fernández, hacia 1610
Cofradía del Santo Sepulcro y del Santísimo
Cristo del Consuelo
Valladolid


* Fotografía y artículo escrito por Marcos Valdespino


Aunque hasta 1994 la Cofradía no se comenzase a denominar oficialmente como del Santo Sepulcro y del Santísimo Cristo del Consuelo, la realidad es que desde sus mismos orígenes ha rendido culto ferviente a esta advocación. Cuando la iglesia de San Benito se abrió al culto, a finales del siglo XIX, en una de sus capillas se encontró un crucifijo extraordinario, tirado y con un brazo roto. Restaurado el desperfecto, se puso a veneración de los fieles. Don Francisco de Cossío y Don Juan Agapito y Revilla, al visitar el templo en 1920, se dieron cuenta de que aquel Cristo roto era el que había rematado el calvario del retablo de Berruguete. A pesar de las estratagemas para burlar el despojo que sospechaba y temía el entonces príor de San Benito no pudo evitar que se trasladase la talla al museo, a cambio de otra, también de calidad de Gregorio Fernández, que se pondría en lo alto del retablo mayor. Para evitar esta lejanía el Príor de San Benito habilitó una de las capillas para un Cristo nuevo adquirido en unos almacenes de Madrid y de escayola en 1941. Después de diversas localizaciones, se fijaría en la capilla de los Butrón (1948), en su hornacina y con fondo de tapizado rojo. Desde el principio fue conocido como Cristo del Consuelo. En 1971-1972, con la restauración interior del templo, el Padre Juan Luis Rodríguez, protagonista de la renovación de San Benito, sustituyó esta imagen por la del remate del retablo el Crucifijo de Gregorio Fernández. Es la que hoy se venera tan fervientemente por los vallisoletanos.

Desde que la Cofradía del Santo Sepulcro nació se hizo cargo de los cultos del Cristo del Consuelo. Ya en 1946 celebró el triduo anterior a la Semana Santa con toda solemnidad, y a partir de entonces no ha cesado de hacerlo ininterrumpidamente. Vela por su capilla, arreglada y hermoseada con frecuencia sin escatimar gastos. En ella mantiene y alienta esta devoción, creando un clima adecuado, posibilitando la oración y la meditación de este misterio consolador. El profesor Juan José Martín González, especialista en el escultor Gregorio Fernández, define la talla así: "Mide 1,26 metros. Cuerpo muy esbelto. Presenta corona de espinas labrada en la misma madera. Una de las espinas atraviesa la ceja izquierda. El paño de pureza es reducido, formando nudo en la izquierda. Los pliegues son suaves. Por estos detalles se puede pensar en una cronología muy temprana. Está trabajada con criterio académico, con suavidad exquisita, sobre todo en las extremidades inferiores. La sensibilidad de Fernández por el desnudo está patente, ya que el paño de pureza en un costado no hace sino subrayar como fondo el perfil del muslo. Espléndida policromía, muy oscurecida. Ojos casi cerrados. Una finísima herida en el costado; leves regueros de sangre. Especialmente valorados los amoratamientos de las rodillas y los pies. Invita a una contemplación próxima, sobre todo en el lado de la izquierda. Hacia 1610".

Desde 1980, su Cofradía titular viene organizando la Procesión de la Peregrinación del Consuelo, que sale de la iglesia de San Benito el Miércoles Santo a las doce de la noche, y que entre silencios, oraciones, redobles tristes del tambor, camina por las calles adyacentes siguiendo y meditando el Vía Crucis. La primera salida del Cristo del Consuelo en esta procesión fue en 1995, año del cincuentenario de la Cofradía. La salida de esta talla primorosa también tuvo sus problemas, felizmente superados. El prior de San Benito manifestó ciertas reticencias a sacar en procesión una imagen de extraordinario valor y necesitada de muchos cuidados para no deteriorarse en el ajetreo procesional inevitable, y más saliendo a hombros de los cofrades, con numerosas paradas y alzadas a lo largo del trayecto. Se fabricaron para soporte andas nuevas, adecuadas para tales seguridades, pero tan pesadas, que el primer desfile procesional nocturno con la imagen de Gregorio Fernández fue una prueba de resistencia para los portadores, menos avezados que después, y a pesar de las ayudas de los cofrades homónimos de Palencia. Adecuaciones posteriores, ensayos previos concienzudos, han ofrecido garantías y alejado el temor de que la imagen sufra. Si hasta entonces eran numerosos los fieles que participaban, al igual que lo hacen representantes de las demás cofradías, en esta procesión, el concurso ha crecido sensiblemente desde que la preside el Cristo del Consuelo de Gregorio Fernández.

La cofradía se funda en 1945, derivando de una asociación dedicada a San José, que tenía su sede en la iglesia de San Benito. Desde el primer año se encargó de alumbrar el conjunto escultórico de Los durmientes en la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor, celebrada cada tarde de Viernes Santo. En 1994, se incorpora al título de la cofradía el Cristo del Consuelo, devoción que con los años fue ganando fuerza en la hermandad. Organiza diversos actos a lo largo de la Semana Santa: La Peregrinación del Consuelo con el cristo del mismo nombre, en la noche del Miércoles Santo; alumbra el paso de Los durmientes el Viernes Santo; y en la mañana del Domingo de Resurrección desfila con la Virgen de la Alegría y el paso de Los durmientes, pero sin la imagen de Cristo Yacente, representando el sepulcro vacío. Además, la cofradía venera en su capilla una imagen de Cristo Yacente, obra de Miguel Ángel Tapia, el cual se expone en besapies el Sábado Santo. Los cofrades visten túnica blanca con cíngulo amarillo rematado en una borla, capa y caperuz morado.


Otras entradas:

Virgen de la Alegría (aquí)

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